Estrategias de enseñanza y aprendizaje

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Por: Mtro. Iván Eduardo Martínez Martínez

A modo de conceptualización, se entiende por estrategias de enseñanza-aprendizaje todo lo que contribuye en  el desarrollo de las competencias de los estudiantes; específicamente, las estrategias de enseñanza deben estar  plasmadas en orden lógico mediante una planeación o secuencia didáctica que permita al docente establecer  una introducción, desarrollo y cierre; en función de los objetivos, los docentes determinan el tipo de estrategia  a desarrollar y la técnica que necesita emplear para lograr la estrategia; por otra parte, en las estrategias de  aprendizaje intervienen operaciones cognitivas pensadas para que el estudiante lleve a cabo su propia organización, integración y elaboración de información, para que se comprenda el proceso y promueva la  permanencia y transferencia de la información o conocimientos.

En otras palabras, las estrategias de aprendizaje facilitan operaciones cognoscitivas y afectivas que el estudiante lleva a cabo para aprender, mientras que las estrategias de enseñanza se refieren a las utilizadas por  el profesor para mediar, facilitar, promover y organizar los aprendizajes.

Pero, ¿cuándo se debe plantear una estrategia de enseñanza y cuándo una de aprendizaje? Es importante recordar, que una estrategia busca cumplir un objetivo. Como sostiene Davies (2000), debido a que la  estrategia se caracteriza por tener múltiples opciones, múltiples caminos y múltiples resultados, es más  complejo su diseño y son más difíciles de implementar que otras soluciones lineales. Como se estableció en  un principio, el éxito de la estrategia radica en el establecimiento de objetivos, y si los estrategas no tienen  bien claro qué es lo que desean, seguro todo lo que hagan será un gran fracaso.

Es este orden de ideas, implementar una estrategia, conlleva algo más que el conocimiento y la utilización de técnicas o procedimientos en la resolución de una tarea determinada. Interesa precisar las diferencias cualitativas en los objetivos del profesor y en la manera de realizar las actividades por parte de los alumnos y  la forma en que estos aprenden.

Lo anterior nos lleva a pensar entonces que una estrategia de enseñanza no puede existir sin una estratégica de  aprendizaje; es por ello que el binomio enseñanza-aprendizaje tendrá éxito, únicamente cuando las técnicas  seleccionadas se complementen armónicamente. Dicho de otro modo, si se busca promover habilidades tales  como la creatividad o el pensamiento crítico, lo ideal será proponer actividades dirigidas a la resolución de  problemas o el estudio de casos; puesto que esto permitirá explorar diferentes respuestas a una misma  problemática, la operatividad no será metódica ni secuencial, sino que permitirá al docente explorar los  diferentes puntos de vista del grupo, y al estudiante, asimilar la aplicación práctica de su conocimiento en un  contexto real.

Es entonces imprescindible diseñar las estrategias basados no solo en los objetivos que se deben alcanzar, sino que también es importante incluir las habilidades de los estudiantes. Las habilidades son capacidades que  pueden expresarse en conductas en cualquier momento, de este modo, para conseguir ser hábil en el  desempeño de una tarea es preciso contar con la capacidad potencial necesaria y con el dominio de algunos  procedimientos que permitan al alumno tener éxito de forma habitual en la realización de dicha tarea.

Aunque pueda ser difícil distinguir la diferencia entre lo que constituye el aprendizaje de una técnica o un procedimiento de lo que realmente constituye ya una estrategia de aprendizaje. La diferenciación puede facilitarse cuando como profesores, se promueva en los alumnos actividades que permitan asegurar la correcta  aplicación de diversos procedimientos, que favorezcan el análisis de las ventajas de un procedimiento sobre  otro en función de las características de la actividad concreta que hay que realizar, o la reflexión sobre cuándo  y por qué es útil una técnica o método en cuestión; esto se conseguirá únicamente cuando los alumnos

planifican su actuación, controlan el proceso mientras resuelven la tarea y valoran la manera en que esta tarea  se ha llevado a cabo. Cuando se vuelven autogestores y promotores de su propio aprendizaje significativo, cuando se involucra al estudiante desde la planeación del objetivo.

Entonces; no interesa transmitir la información sobre cómo hay que utilizar determinados procedimientos,  sino que el alumno construya su propio conocimiento sobre el adecuado uso de estos procedimientos. La  calidad del aprendizaje no depende únicamente del coeficiente intelectual del alumno o del dominio de técnicas  y métodos para estudiar con provecho, sino de la posibilidad de captar las exigencias de las tareas en una  situación de aprendizaje determinada y controlar con los medios adecuados dicha situación.

Como mencionan (Nisbet y Shucksmith, 1986) “el factor que distingue un buen aprendizaje de otro malo o  inadecuado es la capacidad de examinar las situaciones, las tareas y los problemas, y responder en consecuencia, y esta capacidad raras veces es enseñada o alentada en la escuela”.

Los alumnos necesitan recuperar un tipo de conocimiento ligado a la acción o ejecución, cuando el estudiante  da muestras de ajustarse continuamente a los cambios y variaciones que se van produciendo en el transcurso  de la actividad, siempre con la finalidad de alcanzar el objetivo perseguido del modo más eficaz que sea  posible.

En conclusión, el alumno determinará las modificaciones necesarias para proseguir en la dirección deseada; por consiguiente hará de manifiesto un sistema que controle continuamente el desarrollo de los  acontecimientos y decida, cuando sea preciso, qué conocimientos declarativos o procedimentales hay que  recuperar y cómo se deben coordinar para resolver cada nueva posibilidad; mediante una reflexión consciente  el alumno empleará una estrategia capaz de reorientar sus acciones; mediante la planificación dispondrá de los  elementos y recurso para cumplir la indicación en tiempos determinados y para la evaluación podrá discernir  si las decisiones tomadas fueron las necesarias para completar el objetivo.

Para ser estratégico debe potenciarse la conciencia del alumno sobre cómo hace las cosas. Desde esta perspectiva se puede llegar a la experiencia y automatización de un procedimiento, pero también es posible alcanzar esa experiencia y fluidez en la ejecución de una forma más rápida, mediante un análisis consciente y  pormenorizado de las actuaciones mentales que dicha actuación conlleva. En ambos casos, el experto actúa  con gran precisión y eficacia, pero con una vía de aprendizaje más intencional y consciente mostrándose más  competente cuando debe realizar un análisis retrospectivo de la que ha hecho y pensado; es decir, le resulta  más sencillo detener su ejecución y explicar con detalle qué pasos ha seguido para llegar allí.

 

FUENTES CONSULTADAS

∙ Anita, W. (2006). Psicología Educativa. México, D.F., México: Pearson.

∙ Davies, W. (2000). Understanding Strategy. Strategy and Leadership, 28(5), 25-30. ∙ Nisbet, J. & Shucksmith, J.(1986) Learning estrategies. Routledge and Kegan Paul, London., 47. ∙ Román, F. G. (2006). Nuevas Alternativas de Aprender y enseñar ( ed.). México, D.F., México: Trillas. ∙ Torrecilla Manresa, S., y García García, M. (2020). Flipped Classroom: estrategias de aprendizaje 

y rendimiento en ciencias. Edutec. Revista Electrónica De Tecnología Educativa, (72), 111-124.  https://doi.org/10.21556/edutec.2020.72.1525

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